Ruta del Tambor del Sureste Español: Inicio de la Ruta (Tobarra)
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Ruta del Tambor del Sureste Español (Tobarra, Hellín, Agramón, Mula y Moratalla)

 

El camino ha de iniciarse inevitablemente en el Monumento al Tambor de Tobarra, “La Evolución”, obra singular de excepcional belleza del joven artesano tobarreño Jesús D. Jiménez Ramírez, hijo del gran artista del diseño y de la talla del tambor, Antonio “El Batanero”, del cual junto a sus tambores-obras de arte, debe destacarse el Monumento Funerario tamborilero de la Familia Batanero que se encuentra ubicado en el Cementerio de Tobarra[i], continuando hacia la Iglesia de la Purísima, reconvertida en Museo del Tambor , edificio singular del S XVII de origen toscano y bellas pinturas murales del S. XIX. (en proceso de restauración ); destacan junto a los objetos de gran valor histórico de las diferentes cofradías y hermandades, tambores procedentes de toda España y de diferentes países del mundo. Conforme nos adentramos en el casco antiguo, vamos encontrando restos de la nobleza que un día residió en Tobarra, casas solariegas blasonadas de finales del siglo XVI y principios del XVII y XVIII  con  bellos balcones y artística  rejería de forja, por entre los Arcos, el recientemente restaurado Convento  Franciscano de San José de 1.608, en la actualidad Sede de la Asociación de Cofradías de Semana Santa y  Museo de la Imagineria de la Semana Santa de Tobarra, cuyos orígenes se remontan hacia mediados del S.XVI[ii], continuamos la visita y observamos el impresionante Monumento al Nazareno: "La Creación" (2001), desembocando en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (gótica, 1.546-1.616) Consta de una sola nave dividida en tres tramos, a la que se abren dos capillas a cada lado, y un ábside con cinco paños, durante todo el año pueden admirarse obras de excepcional belleza, tallas majestuosas y perfectas como una Virgen Dolorosa de  Salzillo o un Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen articulada que imparte la Bendición ante más de 30.000 personas Viernes Santo en el Calvario, la talla barroca del trono en madera de cedro del Cristo de la Agonía del escultor sevillano Guzmán Bejarano, un  Cristo de la Columna de José Díes López, un Ecce-Homo de  talla en madera excepcional.

Subiendo la “cuesta de correos” nos acercamos al Santuario del Cristo de la Antigua y Virgen de la Encarnación, joya de la arquitectura religiosa tobarreña, edificado junto al antiguo castillo de origen árabe, del que sólo se conservan algunos restos. Monumento histórico-artístico nacional desde 1.981 podría tener sus orígenes en la Ermita de Santa María, citada en las Relaciones Topográficas de Felipe II[iii] de 1.587 y no descrita su ubicación, parroquia citada como la  “antigua” al afirmar que en ella peregrinó San Vicente Ferrer en 1.411, levantado, no obstante, con toda majestuosidad entre los siglos XV y XVIII; la reciente restauración  ha puesto al descubierto toda la riqueza artística que albergaba en su interior. Consta de tres naves, dos de ellas cubiertas con bóveda crucería, y la tercera un artesonado mudéjar con decoración de lazo y piña en mocárabes (que pudiera ser la parte correspondiente de la ermita). En su interior destacan el camarín de la Virgen de la Encarnación, decorado con pinturas murales del siglo XVIII; y sobre todo otro rococó refinado, que alberga la imagen del Cristo de la Antigua, con  pinturas murales relativas a la anunciación y a la pasión y muerte de Jesús, los cuatro evangelistas y unos preciosos azulejos de Manises de finales del S.XVIII y principios del S. XIX[iv] (de una extraordinaria belleza todo el conjunto), alberga la Ermita en su interior dos tronos que participan en la semana santa tobarreña, como son el Cristo Resucitado y la Caída de Jesús conocida popularmente como “Paso Gordo” (por sus más de 2.000 kilos) y cuya bajada a hombros del Santuario Jueves Santo por la tarde no debe perderse,  desde el Santuario se divisa la fértil vega de Tobarra, herencia musulmana, de donde sobresale por encima de todos ellos la delicadeza del albaricoque “moniquí”.

Los orígenes de Tobarra se remontan a la Edad del Bronce I, incluso los hay más antiguos como el “Dolmen” de los Selvares[v], romanas  son las “villae” de Sierra, la cuasi-palaciega de Mora de Santa Quiteria o las termas de Santa Victoria, debido principalmente por el paso de la vía romana Complutum-Carthagonova, encontrándose un miliario (235-238 dC) del emperador romano Maximino Cayo Julio Vero (Tracio), pero es principalmente su origen ibérico la que la configura y consolida, tal y como los ponen de manifiesto los diferentes hallazgos arqueológicos encontrados en la zona, de la cual deben destacarse, la necrópolis de la Hoya de  Santa Ana (I. d.c),  o el Conjunto Rupestre de Alborajico, constituido como complejo cenobítico cristiano habitado durante los siglos V al VIII d.c.[vi]. Perteneciente a la Cora de Tudmir (Provincia de Teodomiro) incluido en el emirato independiente de Córdoba, Tobarra podría haber tenido los mismos privilegios que los recogidos en las capitulaciones de Teodomiro similares a los de la Ciudad de Mula, Tobarra sería sede de un importante caudillo Yagub Ibn Jalid Al Tubarri, que dominaría el espacio entre Albacete y Hellín (920-930 d.c.). Reconquistada a los musulmanes en tiempos de Fernando III por personas procedentes de Aragón, predominantemente, a la conquista de Murcia. El  10 de Marzo de 1.244 Alfonso X la entregó al concejo de Alcaraz, y en 1.269 ya se distinguiría como villa independiente al concederle el Fuero breve de Alcaraz  que no era sino  uno de los fueros más antiguos de España, el de  Cuenca[vii], En 1.324 fue saqueada y quemada la Villa por los moros, repoblada y levantada al año siguiente por Sancho Ximénez de Lanclares, Adelantado Mayor del infante D. Juan Manuel,  tras obtenerla en Señorío, pasando a formar parte a mediados del S.XIV al Señorío de Villena a la muerte de éste[viii]. El 11 de septiembre de 1.476, finalmente, pasaría a depender de la Corona de Castilla. Tobarra ha gozado de privilegios otorgados y confirmados posteriormente por diferentes Reyes y Señores, entre ellos Fernando III, Juan II, los Reyes Católicos, su hija Juana la Loca, Carlos II o Felipe V con motivo del apoyo mostrado a los Borbones. A principios del S.XV ya se distinguiría con el Título de Villa, título que podría haber sido otorgado por Alfonso de Aragón[ix].  El  controvertido origen del topónimo “Tobarra” ha sido estudiado en diferentes ocasiones. Se la ha intentado relacionar con la Tribola de las guerras púnicas donde Viriato venció al Pretor romano Cayo Vetilio (147 a 146 a.c), con la Túrbula de la Batestania íbera citada por Tolomeo[x] (S. II d.C.) y  posteriormente por Flavio Dextro y Juliano en relación con el martirio de Santa Victoria acontecido el 23 de diciembre del año 255 d.C[xi], (el nombre de Santa Victoria se encuentra presente en una termas romanas y en una capilla de la Iglesia de la Asunción); desmentido en estudios posteriores por Hurtado Ríos que le otorga el carácter íbero al topónimo[xii].  Siguiendo a  Carmona González[xiii] que cita el texto árabe del S.XI escrito por Al-`Udrî, regidor de la Ciudad de Murcia, el cual ya aparece como Tobarra, su origen por lo tanto no sería árabe sino probablemente anterior, en todo caso al S.VIII; otros autores la sitúan en época premusulmán incluso anterior a la llegada de grupos árabes y beréberes en el S.VIII[xiv], otros en todo caso con la llegada de grupos beréberes argelinos en torno al año 712 de nuestra era de donde tomaría el topónimo “T” del nombre[xv]

Nómadas beréberes que en su camino de expansión introducirán el ruido ensordecedor de los tambores junto a las notas dulces de las zokras, de la cual  se podría teorizar  y extraer  la presencia del  tambor  hace ya 1.300 años en Tobarra, que en el caso del  modelo t´bâl[xvi]  no se diferenciaría excesivamente de los existentes en Tobarra hace 100 años tanto en su estructura, materiales y dimensiones[xvii].. Ante la falta de estudios acerca del origen del tambor en Tobarra que profundicen en el mismo, Hurtado Ríos enuncia en una hipótesis imposible de demostrar  como él mismo afirma pero analizando todas las fuentes que se pueden abordar, se llega a enunciar que ésta se debería a la más que posible influencia aragonesa tras la Reconquista a mediados del S.XIII: “En Tobarra se toca el tambor en Semana Santa, tal y como lo hacemos porque nos repoblaron o se mezclaron con los moros tobarreños gentes tamborileras aragonesas que acompañaron al Primer Señor de Híjar, Don Pedro Fernández, en tiempos de Jaime I, a la conquista de Murcia, inmediatamente antes de enero de 1.266 año en que en la capital del Segura es aplastada la sublevación nazarí[xviii].  Tambor que en la versión aragonesa sería introducido por  Sancho Ramírez de Aragón en el año 1.091, observador de las tácticas de guerra empleadas por los almorávides en la Batalla de Sagrajas (1.086)[xix], el cual llegaría posteriormente a  Tobarra en la reconquista. Tobarra e Híjar años más tarde iniciarían el hermanamiento de sus pueblos debido a los lazos de unión existentes entre ambas poblaciones.  Sin embargo las numerosas y continuas evoluciones y avances que se han experimentado en Tobarra, la evolución manifestada tanto en la  policromía de las túnicas que pudiera tener su origen en el toque del tambor con las túnicas de las diferentes hermandades y cofradías, de las cuales muchas de ellas todavía se conservan, alejándose de la tenebrosidad de la túnica franciscana, dibujando de esta manera  un crisol de colores, sin embargo, definidos y delimitados;  así como en la evolución constante en la artesanía y evolución de formas, materiales, adornos y modelos donde más son apreciables dichas diferencias o la variedad y rítmica de los toques de tambor, frente a los más continuos y metódicos con respecto al Bajo Aragón, lo que constituye todavía hoy el eslabón perdido. La comunidad franciscana asentada en Tobarra desde principios del S.XVII, coincidiendo con el crecimiento de las expresiones religiosas semanasanteras derivado del Concilio de Trento (1.545/63) ciertamente pudiera ser la que impulsara la escenificación de la pasión y muerte de Jesús (El Convento compró al de los franciscanos de Murcia la imagen de la Virgen Dolorosa de Francisco Salzillo, en la segunda mitad del S.XVIII), así como la  fundación de Vía Crucis y Calvarios en poblaciones tan cercanas como Hellín y Jumilla, a la que se suma  la existencia de la Orden Tercera de San Francisco, que en sus orígenes podría haber tenido la responsabilidad de la organización de las procesiones,  añadido a las costumbres y ritos franciscanos de acompañar a las celebraciones religiosas de otras expresiones de carácter profano donde el tambor tendría un papel de relevancia.  

Ante la falta de estudios acerca del origen del tambor en Tobarra que profundicen en el mismo, Hurtado Ríos enuncia en una hipótesis imposible de demostrar  como él mismo afirma pero analizando todas las fuentes que se pueden abordar, se llega a enunciar que ésta se debería a la más que posible influencia aragonesa tras la Reconquista a mediados del S.XIII: “En Tobarra se toca el tambor en Semana Santa, tal y como lo hacemos porque nos repoblaron o se mezclaron con los moros tobarreños gentes tamborileras aragonesas que acompañaron al Primer Señor de Híjar, Don Pedro Fernández, en tiempos de Jaime I, a la conquista de Murcia, inmediatamente antes de enero de 1.266 año en que en la capital del Segura es aplastada la sublevación nazarí[xviii].  Tambor que en la versión aragonesa sería introducido por  Sancho Ramírez de Aragón en el año 1.091, observador de las tácticas de guerra empleadas por los almorávides en la Batalla de Sagrajas (1.086)[xix], el cual llegaría posteriormente a  Tobarra en la reconquista. Tobarra e Híjar años más tarde iniciarían la hermanación de sus pueblos debido a los lazos de unión existentes entre ambas poblaciones.  Sin embargo las numerosas y continuas evoluciones y avances que se han experimentado en Tobarra, la evolución manifestada tanto en la  policromía de las túnicas que pudiera tener su origen en el toque del tambor con las túnicas de las diferentes hermandades y cofradías, de las cuales muchas de ellas todavía se conservan, alejándose de la tenebrosidad de la túnica franciscana, dibujando de esta manera  un crisol de colores, sin embargo, definidos y delimitados;  así como en la evolución constante en la artesanía y evolución de formas, materiales, adornos y modelos donde más son apreciables dichas diferencias o la variedad y rítmica de los toques de tambor, frente a los más continuos y metódicos con respecto al Bajo Aragón, lo que constituye todavía hoy el eslabón perdido.

La comunidad franciscana asentada en Tobarra desde principios del S.XVII, coincidiendo con el crecimiento de las expresiones religiosas semanasanteras derivado del Concilio de Trento (1.545/63) ciertamente pudiera ser la que impulsara la escenificación de la pasión y muerte de Jesús (El Convento compró al de los franciscanos de Murcia la imagen de la Virgen Dolorosa de Francisco Salzillo, en la segunda mitad del S.XVIII), así como la fundación de Vía Crucis y Calvarios en poblaciones tan cercanas como Hellín y Jumilla, a la que se suma  la existencia de la Orden Tercera de San Francisco, que en sus orígenes podría haber tenido la responsabilidad de la organización de las procesiones,  añadido a las costumbres y ritos franciscanos de acompañar a las celebraciones religiosas de otras expresiones de carácter profano donde el tambor tendría un papel de relevancia.

 

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Museo del Tambor de Tobarra (Albacete)

 

Carteles Semana Santa 1.969-Actualidad

 

Ruta del Tambor del Sureste Español

 
 
 

 

 

Jornadas Nacional de Exaltación del Tambor y el Bombo

   
 

 

   
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Angel E. Coy Vergara 

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