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LA OTRA CARA DEL MONUMENTO
El
26 de Marzo de 1995 (Sábado) Tobarra culminaría una de sus más importantes aspiraciones:
Erigir un Monumento al Tambor
Confiados en el buen hacer y en la
profesionalidad de un por entonces joven artesano de la forja y del hierro, hijo
de una gran maestro de la forja y de la artesanía tamborilera, Antonio "El
Batanero", Jesús haría de una ilusión una realidad.
NOTAS DEL AUTOR
No
recuerdo exactamente que fecha corría, pero un día de mayo de 1994, Vicente me
planteaba la posibilidad de hacer un monumento al tambor. Desde ese preciso
momento, mi mente trabajó absorbida por tan atractiva idea.
Conforme
fue transformándose de una idea a unos bocetos, era como descifrar un
jeroglífico, no sabía qué me esperaba al fmal, pero me movía una verdadera
pasión.
Después
vinieron los problemas técnicos; horas frente a un papel. una calculadora y una tabla de pesos de hierros. Así comenzó
lo que sería la experiencia más importante en mi condición de hijo de Antonio El
Batanero y de herrero.
Aún hoy me
sorprendo cuando paso por él, no puedo explicarme todavía cómo y por qué he sido
yo el elegido para "materializar" la pasión por el tambor de mi propio pueblo.
Por otra
parte me alegro por mi padre, porque con este acontecimiento creo haber podido
aliviar un poco, así, el
dolor que provoca en un hombre como él. el tener un
hijo sin un amor tan desmedido como el suyo por nuestro tambor. El pensar que
yo haya sido el responsable de algo tan importante para Tobarra creo que le
sirva para olvidar un poco el que no haya sido capaz de hacer una "Tira" o una
"Biblia", que de vez en cuando hay que hacérselo olvidar. Aunque parezca otra
cosa, esto fue lo primero que pensé cuando se me planteó el tema, esta
era la oportunidad para darle una merecida alegria.
Claro que
también él colaboró, me cedió el honor de diseñar, presupuestar y ejecutar la
obra, y lo más fuerte es que se quitó los galones de "maestro"
y se colocó los de "ayudante" para ponerse a mis órdenes y cederme así toda
la responsabilidad.
Su confianza
en mí y el que haya sido todo un éxito, contribuyen a que considere este
trabajo la culminación de mi profesión.
En las horas
que pasé trabajando en él. pensaba en las consecuencias de mi esfuerzo. Cuando
algunas tardes tiraba la toalla* pensaba hasta qué punto merecería la pena.
Visualizar el trabajo terminado era tan rutinario como vestirme por las mañanas,
imaginar la respuesta del pueblo era mi mayor preocupación, al fin y al cabo
estaba sufriendo en mi trabajo por el. Ese fue el día a día durante ocho largos
meses.
También hubo
buenos ratos; los críos al salir de clase pasaban por el taller a ver la mano, a
hacer bromas, a preguntar, luego los jubilados pasaban, preguntaban que por qué
era la mano derecha, en fin, cada generación una curiosidad. Fue mucha la gente
que conocí durante ese tiempo, lo cierto es que fue una experiencia
inolvidable, para mi y para quiénes lo vivieron conmigo.
Son muchas
las gracias que he de repartir: al pueblo de Tobarra y pueblos que
vinieron el día de la inauguración, por su aceptación y por hacerse
cómplices de nuestra alegría, respectivamente, en particular a Baena por su
especial participación; a la peña "Los Ciruelos", la última noche de Semana
Santa, sin pretenderlo me conmovieron con un detalle de lujo, no por su valor
material. sino porque con un pastel consiguieron que el último Domingo de
Resurrección sea un especial recuerdo el resto de mi vida; a Vicente por contar
conmigo y confiar en mi desde el primer momento; a mi padre por haberme enseñado
a aprender en mi oficio, y por encima de todo a Dios por haberme escogido
a mi para algo tan importante para nuestro pueblo, por haberme hecho nac er
aquí, por darme la inspiración y por capacitarme para llevarlo a cabo.
Me gustaría
dedicar este trabajo a los tamborileros que proclamaron su amor por el tambor,
aquellos que no vieron el progreso del tambor y a aquellos que no verán
el final de su evolución, es decir, a todos.
" La
Evolución" Jesús
Batanero
. Me desesperaba
analizar todas las curvas de la mano. la relación entre ellas, a pesar de lo que
parezca, los músculos del brazo me resultaron especialmente complicados, algunas
tardes me subía a casa para oxigenarme un poco y esperar al día siguiente.
Fuente: REVISTA DE SEMANA SANTA
AÑO 1996. EDITA: ASOCIACION DE COFRADIAS DE SEMANA SANTA DE TOBARRA
Fotografías: Infotobarra.com y Guillermo A. Paterna
Alfaro
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